Muévete un poco
No hace falta un gimnasio ni una rutina. Solo darle algo de movimiento a tu cuerpo cada día: caminar, estirarte, bailar en la sala, hacer yoga… lo que disfrutes, en casa o al aire libre.
Cuando te mueves, el cuerpo baja el cortisol —la hormona del estrés—, se relaja, mejora el ánimo y hasta duermes más profundo. Después de un susto, eso ayuda muchísimo.
Cada paso cuenta. No tiene que ser mucho; tiene que ser hoy.
Si no tienes ganas de nada, empieza chiquito: párate, respira, camina hasta la ventana. El cuerpo agradece cualquier movimiento, por pequeño que sea.